Que ingenuo y estúpido era yo al llegar a Alemania... y aunque sigo siendo estúpido -aunque de manera distinta- no puedo empezar a imaginar como a alguien (yo hace 18 meses) no le podría gustar Berlin... no podría amar esa ciudad... no podría llorar por partir y pasar noches enteras de remembranzas y estremecerse al ver videos, películas o cualquier cosa que diga Berlin...
Y ya, este blog nunca fructiferó. Creo que lo inicié bajo la influencia (bastante imbécil) de mis primeros días en aquella magnífica ciudad, pensando que podría azotarme amargamente en las ciberpáginas... pero resulta que en vez de hacer eso, viví el mejor año de mi vida (lo cual, en mi caso muy particular, nunca implica escribir).
Así que, cuando recurra a este espacio será para hacer notar mi depresión por no estar en la ciudad que hoy en día (todo mundo lo sabe) es EL lugar para estar.
Adios
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
mejor haberte ido de Berlin cuando todavía te fascinaba a quedarte el tiempo suficiente para empezar a detestarla. El problema no es Berlín si no los alemanes que se dan una man~na sorprendente para ser insoportables. Estoy seguro de que Dios estaba de un genio del carajo cuando creó a los alemanes!
ResponderEliminar